El rincón de Lunita

Disfrutad de mi rincón y no me molesteis para nada que estoy nuy estresada

Lunita, personaje principal del relato "Una noche en el parque"

Una noche en el parque

Canario de la variedad Glosster

Capítulo III y último

…-Vamos a ver, ¿si os pido un gran favor me lo vais a hacer?

Todos al unísono dijeron que sí. Entonces pasé a la acción y les enumeré lo que quería, que consistía en que convencieran a Simba de que me eximiera del tema de la investigación.

Por respuesta recibí que iba a hacer difícil, porque al pastor alemán se le había metido esa manía en la cabeza, después de ver en un programa de televisión en el que muchos humanos investigando encontraban sus orígenes. De todas formas, me aseveraron que harían lo imposible y que convocarían una asamblea extraordinaria en el parque con todos los animales del barrio, y como Simba al estar convaleciente no podrá asistir, era la oportunidad para aprobarlo.

Cuando todos los animales asistentes, incluso un búho que pasaba por allí, después de un amplio debate, magistralmente conducido por un perro “pequeñajo” de color marrón, al que le llamaban “Choco”, estaban de acuerdo en exonerarme, ocurrió lo inesperado. Nada menos que asomó por el parque Borja, el del programa “Malas pulgas” que iba acompañado de “Frank de la Jungla”.

Cuando los animalitos se percataron de ello, patas y alas para que os quiero. En unos segundos se evadieron todos, menos mi “Lunita”, la tortuga y yo, que nos quedamos perplejos y no pudimos agregarnos al masivo y rápido éxodo. Entonces, mientras “Frank de la Jungla” examinaba con una lupa a la pobre Lola, la tortuga, que debido a su lentitud no pudo fugarse, ni esconderse debajo de la tierra, Borja se acerca a nosotros y descaradamente me dijo:

-Esta perra tiene pinta de ser agresiva y la voy a amaestrar ahora mismo.

Cogió el collar de adiestramiento y se disponía a ponérselo cuando ésta, de un magistral salto, le doy una mordida en la mano con sus afilados colmillos.

De nuevo nos vemos haciendo los cien metros lisos, distancia que separa mi vivienda del parque, porque, entre otras cosas, el tal Borja estaba llamando a la Policía para que vinieran con los perreros. Pero la suerte no era mi mejor aliada en esos momentos. Pensaba que la puerta de la finca estaría expedita, como era habitual, pero me equivoqué.

No sé de dónde salieron tan rápido los Policías Municipales, cuando en ellos es normal llegar siempre tarde al lugar dónde hay un problema.

Luchamos los dos por deshacernos de ellos, pero fue imposible. Nos esposaron y nos metieron en un frío calabozo. Era una pena ver a “Lunita” esposada de sus dos manos delanteras con una asquerosa brida andando con sus patas traseras como una perrita de circo.

Al día siguiente nos llevaron al juzgado y, ¿a qué no saben quién me toco de juez? ¡No sé lo va a creer! ¡A Simba, el pastor alemán! Como fiscala a una gata común llamada “Roberta”, y de secretaria a una chucha callejera de nombre “Lola”.

Una vez más me hice la misma pregunta: -

¿Estaré soñando?

De todas formas, me dejé llevar por los acontecimientos a ver en lo que concluía todo aquello.

No terminó en nada bueno para “Lunita” y para mí. En un juicio sumarísimo nos condenaron a una lucha a muerte con un león.

No me podía creer lo que estaba ocurriendo, pero a la vez pensaba que mi perrita se iba a llevar la peor parte, si se llevaba a cabo aquella disparatada sentencia, y si se llevó.

Nos condujeron a los dos y media de la madrugada a la plaza de toros de Valencia. Nos dejaron en medio del ruedo y al rato salió Simba, pero no el pastor alemán, sino el del musical del “El Rey León”. Se aproximó a mí y, muerto de miedo, ya que me veía despedazado en medio del ruedo, me olfateo de pies a cabeza, y de buenas a primeras compruebo como éste caía desplomado al suelo, pero a los pocos segundos se incorporó y dijo muy enojado: - ¡yo no me puedo comer a un humano que tiene una hediondez de dos pares de…! Total, para concluir, cuando me obligaron a asearme la zona donde la espalda pierde su honorable nombre, me condujeron al mismo sitio.

Nada más verme Simba en el ruedo, se lanzó hacia mí, me empujó con sus remos delanteros, caí al suelo, y cuando abrió sus fauces para acabar con mi vida pierdo el conocimiento, pero volví en mí y compruebo que estoy tumbado boca arriba en mi cama. Tenía puesto mi pijama de franela, bien tapado con mi nórdico y encima de mi pecho Lunita, con la correa de paseo junto a ella.

- ¿Qué deduce usted de todo esto, señora psicóloga? ¿Fue una pesadilla? ¿En realidad viví esta historia? ¿Me he vuelto loco…?

Psicóloga: Le haré un informe detallado cuando examine a su perra. De momento, mis honorarios por la primera sesión son 100€.

Capítulo II

Totalmente atónito y resignado, regresé con Lunita a la casa y lo primero que hice fue conectar el ordenador. Busqué en el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española y el resultado de la búsqueda sólo decía: - “Mamífero carnívoro doméstico de la familia de los cánidos, de tamaño, forma y pelajes muy diversos, producto de las distintas razas obtenidas por hibridación, que está adaptado a todas las regiones de la Tierra; es fiel. Esto último era lo único que se asemejaba a lo que quería saber mis amigos, pero su cuna…

Lo tenía bastante oscuro. De todas formas, al día siguiente, después de descansar unas cuantas horas, fui a ver en persona al señor Google. Cuando estuve frente a él le pregunté: -

¿Tú sabes el fundamento del origen de los canes?

Éste, con bastante acento Yanqui, también me dejó confuso, al decirme que si no tenía cuenta con él no me facilitaba la información. A la vez quiso endosarme un sin fin de cosas, entre ellas anuncios publicitarios, fotos para mis relatos, páginas pornográficas... Le dije que no necesitaba nada de eso. Al final le dejé mi dirección de e-mail de Yahoo y esperé respuesta, pero ésta nunca llegó.

Para quitarme el bulto de encima le dije a “Lunita”, sin que nadie me escuchara por si me tomaban por loco, que ya tenía el informe listo. Así que, quedamos para esa misma noche ir al parque y entregárselo a Simba, y justo a la misma hora que la primera vez, mi perrita me despertó con un suave ladrido, pero sin incluir la lengüetada.

De inmediato nos pusimos en camino hacia el cercado, y al llegar al lugar aquello estaba totalmente vacío. Mi inseparable amiga me miraba con cara de estar lamentando la espera. Pero justo cinco minutos después, apareció por allí una gata Siamés, que se presentó como Lucy.

La minina se disculpó por el retraso, el cual era debido a que su dueña se fue más tarde de la común a la cama por estar “pelando la pava” con su novio y me dijo:

-Simba no puede venir porque lo han intervenido quirúrgicamente de una displasia de codo.

Según la felina, el pastor alemán estaría convaleciente durante un mes y que a ella le había encargado que recogiera la memoria, pero al preguntarle por el resto de animales, la micifuz me dijo algo inquieta, a la vez que miraba para todos lados:

Psssss, no hables muy fuerte, Ganímedes. Yo he sido la única que me he arriesgado a venir por la premura del informe. Todo contrariado le cuestioné muy bajito:

- ¿Qué pasa? 

Como respuesta recibo que por allí merodeaba “Fran de la Jungla” y Millán, “el encantador de perros”. ¡No podía ser! ¿Cómo iban a estar esos personajes por aquel lugar? La gatita me aseveró que sí, y que como ambos eran unos pesados con sus investigaciones se escondieron.

No concluyó Lucy su información, cuando ambos hicieron acto de presencia en el cercado. La gata soltó un “mosqueante fuuuuu”, propio de su especie animal, y en un santiamén se esfumó en la oscura noche, y nos dejó allí solos ante el peligro.

El encantador de perros al verme se dirigió hacia mí, y mi perrita, que tampoco le caía nada bien éste, comenzó a gruñir. De inmediato el encantador dijo:

-Este chucho está muy mal educado y ahora mismo lo voy a adiestrar. Pero cuando mi “Lunita” vio que le iban a colocar la correa de castigo, le dio tal bocado, que durante unos segundos el pobre domador tuvo los pequeños, pero afilados colmillos, clavados en su mano.

Para salvar la situación le dije al entrometido mago de perros:

-No te preocupes, tiene todas las vacunas puestas, así que te llevo a urgencia y en paz. Pero a este no le sentó nada bien mi respuesta y me amenazó con denunciarme. Así que como la cosa se ponía fea, le hice señas con la vista a mi “chuchilla”. Ésta captó perfectamente el mensaje y salimos corriendo para casa como almas que se las lleva el diablo.

Al llegar a la finca el portal, como siempre, se encontraba abierto y nos introdujimos rápidamente en él, y como la luz estaba apagada no nos pudo ver. Nos subimos al piso con el corazón en la boca y nos tumbamos a descansar, porque el estrés que habíamos cogido no era para menos.

A la mañana siguiente me despierto y me dirijo hacía el patio para cambiarle el agua y echarle una salchicha a mi fiel compañera, y cual no fue mi sorpresa cuando veo en lo alto de la jaula de mi canario, “Raulito”, al cual llamo así en honor a la persona que me lo regaló, y al “Punki” con otro pájaro.

El del flequillo, todo educado, me dijo:

- Buenos días Ganimedes, te presento a mi novia, “Belinda”.

- Me voy al cuarto de baño, me miro en el espejo, me refresco el rostro con agua fría y salgo.

El dichoso “Punki” seguía allí con una pajarita de su misma especie. Entonces le pregunto:

- ¿Qué deseas de mí?

Muy tranquilo me hace la siguiente interpelación:

- ¿No te importaría dejarme una jaula de cría de las que tienes vacía? Es que quiero ir relacionándome con mi prometida, con la cual me pienso casar en el mes de marzo.

Nuevamente me vuelvo a la toilette, pero en esta ocasión me di una ducha de agua fría y regresé nuevamente a la luneta. Ciertamente estaba despierto. Todo era una pura realidad. Las parejas de pájaros estaban de cháchara con mi “Raulito” planeando grabar un CD de canto.

La verdad es que no sabía que hacer ni que decir, y algo irritado le consulté al “Punki”:

- ¿Por qué no te vas al campo y alquilas una rama en un árbol? -Mejor dicho, te buscas un buen arbusto y allí anidas. Su contestación me dejó petrificado:

-Hombre, es que al campo también ha llegado la crisis y la cosa está jodida. Nos han dicho que eres buena gente y que contigo no nos va a faltar de nada. Además, ¿tu sabes lo que es estar volando todo el día buscando comida, al margen que vamos con el corazón en la boca por si nos caza un gavilán?

Al final me tocaron la vena sensible y de inmediato les preparé una canariera, con todo lo indispensable para que pudieran estar cómodos, incluso les puse una bañera de plástico para que estuvieran aseados y no les atacaran los piojos.

Habían transcurrido unos pocos días, cuando me vino a la cabeza una idea para deshacerme del problema de buscar para Simba los orígenes de los chuchos. Me dije que entre mi perrita y los pájaros me ayudarían a acabar con todo esto y pasé a la acción. 

Para ello convoqué en el salón de mi vivienda una reunión con Lunita y los pájaros. Los invité a un buen almuerzo, consistente en un paté, que por cierto lo compré en una tienda de esas que llaman Delicatessen, para Lunita, pasta de cría de la más cara, un broccoli para los pájaros, y para regar todo ello agua embotellada, débil en minerales.

Una vez que calculé que todos estaban bien contentos con el menú les dije… Continuará.

Capítulo I

Serían las tres de la madrugada de una gélida noche del pasado invierno, cuando soñaba que tenía entre mis extremidades superiores a Julia Rober. Nos besábamos apasionadamente, y como suele ocurrir en este tipo de fantasías, se interrumpió justo en el momento crucial. Es decir, cuando Julia me achuchaba con mucha pasión.

¡Horror de los horrores! Al abrir los ojos, con un esfuerzo sobrehumano fuera de lo común, veo a Lunita, mi perrita, encima de mi pecho y junto a ella su correa de paseo. Me miraba fijamente y, lo que es más grave, con semblante perruno de estar disfrutando del instante traumático por el que estaba atravesando. Entonces, todo mal humorado le dije:

-¡¡Lunita, por Dios, esto no me lo puedes hacer, precisamente cuando estaba disfrutando de unos instantes maravillosos!! -Fantasiosos, sí, pero casi palaciegos.

-¡A mí, que te tengo como una reina, te doy cariño, vas a las peluquerías caninas de alto standing de la ciudad, no comes otro pienso que el de Royal Canin!…

-No te olvides tampoco de tu rico pollo desmenuzado y, además, te llevo a clínicas de lujo para que te realicen tus revisiones periódicas… Pero… ¿Cómo te has subido a la cama con lo “pequeñaja” que eres?

Recibí por respuesta un ladrido amenazante y, acto seguido, la muy enana cogió con su boca la correa y me la plantó encima de mi asombrada y soñolienta cara.

No había duda alguna: quería salir de paseo. Así que, me dejé arrastrar por los acontecimientos, puesto que no me quedaba otra alternativa. Entonces, me abrigué bien, le enganche, más mosqueado que un pavo cuando siente una pandereta por Navidad, la correa y salí a la calle.

¡Vaya nochecita! No les digo de perros, porque ella iba tan campante calle adelante. Pero algo extraño presentí, porque me alejó de la ruta que normalmente solíamos hacer y me bifurcó hacía un pequeño parque que hay justo detrás de la finca donde vivimos, el cual es frecuentado por personas de variada edad.

Al comprobar que me llevaba hacía allí le dije:

-Lunita, ahí no podemos entrar, les está prohibido el acceso a los perros y me pueden multar.

Ella giró su cabeza, me puso cara de ignorancia y siguió su camino. Como iba medio dormido, no observé lo que había dentro de dicho jardín, porque si lo llego a ver antes... Pero ya no me podía volver atrás. Era demasiado tarde para ello. Así que, aguanté el tipo y me enfrenté a lo que, en teoría, se avecinaba. Nada menos que en una de las ramas de un árbol había dos canarios, uno de color rojo, que resultó llamarse “Rogelio”, y otro verde con flequillo, al cual le decían “el Punki”, charlando animadamente.

Aquello no podía ser posible. Me dije una y mil veces que estaba soñando. Abofeteé mi rostro y hasta metí la cabeza bajo el grifo de la fuente para comprobar si estaba o no despierto. Para rematar la faena, observo como un pastor alemán, más negro que los testículos del negro del WhatsApp, estaba de cháchara con una tortuga de tierra que le decían “Lola”. Éste, al detectar nuestra presencia, vino hacia dónde estábamos y le dio un par de lamidas en el morro a mi perrita. Acto seguido le regañó, porque, al parecer, se había retasado. Mi perra, muy tranquila le dijo:

-Ganimedes que no se despertaba ni a la de tres. Le he tenido que dar un par de lengüetadas en los morros porque no había forma. A continuación, el pastor alemán, muy educado, me extendió su mano derecha y me aseveró:

-Simba, agente de la policía secreta en el mundo animal, encantado. Para que no pensara que era un grosero, le extendí también mi palma y le expresé:

-igualmente, tú ya sabes mi nombre, y ahora que ya nos conocemos… ¿Qué pinto en esta historia?

-¡No iréis a hacer un ritual de magia negra conmigo!

Todos comenzaron a reír, incluso una perra de agua de tonalidad negra que llegó en esos instantes y que se presentó como

No tuve más remedio que sentarme en un banco porque aquello era muy fuerte, máxime cuando Simba me hizo la siguiente pregunta:

-¿Oyes, no tendrías por ahí una salchicha, aunque sea de la marca Hacendado de Mercadona? Porque con tanta vigilancia nocturna estoy muerto de hambre.

No salía de mi asombro y me afirmé:

-Como salgas de ésta, Ganímedes, tendrás que ir al gabinete de algún psicólogo/a, porque aquello se le escapaba de las manos a mi entendimiento. De todas formas, le dije al perro policía que lo sentía mucho.

Me armé de valor y me hice con el control de la situación.

-¡Vamos a ver! ¿Vosotros qué queréis de mí? Quiero dormir y no aguanto un minuto más aquí

-Tranquilo, dijo Lucy. Sólo queremos que investigues algo para nosotros en el mundo de los humanos.

Les aseveré que me había jubilado, y que sería mejor que contrataran a un agente de la C.I.A. o del F.B.I. porque ellos lo suelen averiguar todo.

-No, tú eres el indicado, dijo “el Punki”.

-¿Por qué yo? Opiné.

Entonces, “Rogelio” contestó que yo había sido el elegido. Repliqué que no iba a indagar nada, porque me había jubilado, quería vivir en paz y disfrutar de la vida.

-Tú vales, aseveró Lunita. Te conozco muy bien y, además, para lo que deseamos eres el adecuado.

Insistí una y otra vez, hasta que Simba alzando el tono dijo:

-¡Rastreator, ¿dónde te has metido?!

Anonadado compruebo como detrás de uno de los arquibancos sale el perro que hace el anuncio de buscador de seguros en Internet. ¡Vamos, igualito! Su vestimenta a lo estilo “Sherlock Holmes”, su lupa… Continué diciéndome que todo eso no era real. -

¡Tiene que ser una pesadilla! ¡Tienes que ser una pesadilla! Me lo repetía una y otra vez. Pero a todo esto veo que el chucho se dirige hacia donde me encontraba sentado. Se encarama en el asiento, comienza a olerme, que por cierto su boca despedía un perfume embriagador... Me mira con la lente y acto seguido dice:

-Éste es el que nos interesa. Además, nos va a salir muy barato.

¡Vamos, como si yo fuera una póliza de seguros a todo riesgo para automóviles! Protesté enérgicamente, pero nadie me hizo caso. Los canarios comenzaron a cantar mirando para el estrellado cielo, la tortuga de tierra se fue a comer hierba, Rastreator olfateando por todos lados con el cristal y los chuchos cuchicheando en una esquina del jardín.

Todos me ignoraron menos mi perrita. Ésta me miraba con cara de lástima y movía su cabeza de arriba abajo, como diciendo:

-Me vas a dejar en mal lugar…

¿Pero ¿qué hacía? Al final, bien sabe Dios que lo hice por mi Lunita, dije que sí, a lo que en un principio me pareció una disparatada sugerencia.

Cuando Simba me informó de cuál era mi misión quedé perplejo. ¡Nada menos tenía que investigar cómo eran los tusos en la prehistoria! Al oír esto recomendé que buscaran en Google”, que era lo más correcto y rápido, y si no que lo olisqueara Rastreator, que él se enteraba de todo, a lo que Lola, la tortuga, me dijo:

–Mira, Ganímedes, Rastreator es un simple perito de precios, que sólo busca lo más barato en pólizas de automóviles. Pero una investigación de esa índole te corresponde a ti. Nosotros, los aquí presente, que somos tus amigos, queremos conocer los orígenes de los chuchos.

Continuará

 

 

Carta a mi perrita

Lunita, personaje principal del relato, en el lugar que más le gusta estar.

Dedicado a todas aquellas personas que consideran a sus animales de compañía como un miembro más de la familia.

 

Querida Lunita:

 

Como bien sabes, antes del inicio del pasado verano (año dos mil diez y siete) estuviste muy malita. Tanto Pilar como yo lo pasamos muy mal, y no mencionemos el disgusto que se llevó el resto de la familia y nuestros amigos, que también te quieren mucho.

 

Los motivos que te llevaron a ese estado no lo hemos podido saber hasta la presente. Pudo ser algo que comiste sin que te viéramos, bien rebuscado del cubo de la basura o de la calle y también, quizás, fuese debido a que lo que ingeriste lo puso intencionadamente un/a desaprensivo/a, que su corazón no llegará jamás a saber lo importante que sois los de tu especie para la humanidad.

 

Lo cierto es que lo pasaste muy mal, pero gracias a Dios ya todo ha vuelto a la normalidad. También esto es debido, en buena parte, a los profesionales que te asistieron que, ajustándose a nuestras recomendaciones, te hicieron todo tipo de pruebas y te administraron los mejores medicamentos y cuidados. Y no digamos con el cariño que te trataron, sobre todo Mila, tu veterinaria.

 

Del tema económico no hablemos, porque el importe de la factura se ha dado por bien empleado, ya que, al no ser tus dueños materialistas, tenemos muy arraigado en nuestros corazones aquello de: -El dinero va y viene, pero si se nos va un ser querido ese no vuelve más.

 

Somos conscientes de que algún día tendrás que partir, puesto que en esta vida nada es eterno. No sé hacia dónde, pero lo que si te puedo afirmar es que tienes reservado un lugar privilegiado, porque eres un animal extraordinario, o, quizás, los que se vayan antes seamos nosotros. Lo cierto es que, de todas formas, te íbamos a echar de menos, como, aunque en silencio, tu lloraría por nosotros. Pero no te preocupes, quizás después de nuestro paso por este mundo podamos vernos en otro lugar donde podamos pasear libremente por el campo y por las calles del cielo sin miedo a los vehículos ni que nadie ni nada te pueda ocasionar algún mal.

 

Aunque sé que no me vas a entender, pero por si descifras mis palabras, quiero decirte que no seas golosa y no comas lo primero que veas por ahí. ¿Sabes por qué? Porque te queremos mucho y quisiéramos que estuvieras muchos años a nuestro lado y no encaja en mi pensamiento no tenerte junto a todos nosotros, porque echaría de menos infinidad de cosas que paso a enumerarte:

 

• Por las mañanas, ¿quién me lamería la mano, en señal de buenos días, cuando estoy a punto de despertar, y ya con los ojos bien abiertos compruebo que tienes a tu lado la pelota de tenis, el nudo, o alguno de tus muñecos preferidos demandándome que juegue contigo? En este aspecto eres muy pesada, porque para ti no hay horas, y lo mismo me traes la bola a las dos de la madrugada que a las tres. Pero bueno, tu no entiendes de inoportunidades. ¡Qué le vamos a hacer!

 

• No podría tolerar tampoco el no disfrutar contemplando esa cara que pones de perrita abandonada y muerta de hambre para que compartamos nuestros alimentos contigo. Siempre te escondes, como sabes que no me gusta que estés entre nosotros a la hora de la comida, debajo de la mesa o en un sitio que no te pueda ver, y si te sorprendo, miras para otro lado y de reojo espías mis movimientos, y no es que no te queramos y no deseemos compartir nuestro sustento contigo, lo que sucede es que Mila, tu veterinaria, manifiesta que tu ingesta tiene que estar basada sólo en el pienso. 

 

• Cuando salimos por la mañana o por la tarde/noche a dar un paseo para que hagas “tus cositas”, siempre procuras hacerlo lo más cerca posible de una papelera o un contenedor, y eso me gusta mucho. No sé por qué será, pero rara es la vez que me haces ir por la calle con la bolsita en la mano. ¿Y cuándo te echan piropos diciéndote que te pareces a un borreguito? Esto me llena de orgullo y me hace muy feliz. • Obediente, inteligente y juguetona eres como nadie y sólo te hace falta que puedas hablar, pero tu lado negativo es que no hay peluquera que no me de quejas de que no te portas bien a la hora del baño y que, incluso, las quiere morder. Al respecto, te diré que en casa sabemos que nunca te ha gustado el agua, pero de eso, a intentar dar un bocado a quien te quiere poner aseada va un trecho. De hecho, cuando te paseo por la playa, cuando esta está solitaria, nunca te aproximas al agua ni juegas con las olas como hacen muchos de tu especie, ahora, eso sí, se te ve feliz porque correteas contenta de un lado para otro.

 

• Mira si eres avispada, que cierto día te regañé porque siempre entrabas a todos sitios antes que nosotros, y desde ese instante aprendiste la lección. Ya tienes bien claro quién es el humano y quien es el animal, porque siempre estás atenta a las órdenes que te damos tanto Pilar como yo y las cumples a raja tabla. Gracias por ese respeto que nos tienes, Lunita.

 

 

• Cuando salimos por la mañana o por la tarde/noche a dar un paseo para que hagas “tus cositas”, siempre procuras hacerlo lo más cerca posible de una papelera o un contenedor, y eso me gusta mucho. No sé por qué será, pero rara es la vez que me haces ir por la calle con la bolsita en la mano. ¿Y cuándo te echan piropos diciéndote que te pareces a un borreguito? Esto me llena de orgullo y me hace muy feliz.

 

• Obediente, inteligente y juguetona eres como nadie y sólo te hace falta que puedas hablar, pero tu lado negativo es que no hay peluquera que no me de quejas de que no te portas bien a la hora del baño y que, incluso, las quiere morder. Al respecto, te diré que en casa sabemos que nunca te ha gustado el agua, pero de eso, a intentar dar un bocado a quien te quiere poner aseada va un trecho. De hecho, cuando te paseo por la playa, cuando esta está solitaria, nunca te aproximas al agua ni juegas con las olas como hacen muchos de tu especie, ahora, eso sí, se te ve feliz porque correteas contenta de un lado para otro.

 

• Mira si eres avispada, que cierto día te regañé porque siempre entrabas a todos sitios antes que nosotros, y desde ese instante aprendiste la lección. Ya tienes bien claro quién es el humano y quien es el animal, porque siempre estás atenta a las órdenes que te damos tanto Pilar como yo y las cumples a raja tabla. Gracias por ese respeto que nos tienes, Lunita.

 

• Aunque por las noches muchas veces comiences a roncar como si fueras un ser humano, a mí el que tu carraspees me divierte, pero a Pilar no, porque los vecinos de la finca se van a pensar que esos resuellos son nuestros.

 

• Lo que también me encanta de ti son las poses que tienes algunas veces cuando duerme en tu camita con tus patitas mirando al techo, y por reírme un rato con mis amigos/as te hago fotos, las cuelgo en el Facebook y escribo: - ¿Alguien conoce algún psicólogo para mi Lunita que está muy estresada? Como es lógico todos se divierten con esta broma porque no es para menos.

 

• Otras de las cosas que recuerdo con mucho cariño y admiración es que cuando me extrajeron varias piezas dentales de mi boca, al llegar a la casa tenía la boca muy inflamada, y tú, toda extrañada, me pusiste tus patitas encima de mi rodilla y me mirabas con mucha extrañeza como si me quisieras preguntar: - ¿Qué te ha pasado? Gracias, lo recordaré siempre.

 

Bueno, una vez más gracias, y en otra ocasión te escribo otra epístola, porque no quiero aburrirte más con mis memeces y a mis lectores tampoco.

 

Tu dueño que te quiere: Ganimedes