Salud, Nutrición y Deporte

Después de Pascua sí que me pongo en serio con la dieta.

A penas hemos salido de los excesos de las fallas cuando nos topamos de frente con Pascua y los buenos propósitos que empezamos tras las fiestas navideñas y que aparcamos durante el mes de marzo, vuelven a flaquear ante las perspectivas de la celebración de la Semana Santa. Y es que los culpables no somos nosotros, son los demás que nos tientan... ¿Cómo le dices que no a la coca de nueces y pasas que hace tu suegra, o al Pan Quemao o los Pastissets de boniato que trae tu cuñada a la comida familiar? ¡No le puedes hacer ese feo! Y en la torrá que haces con los amigos, ¿cómo dices que no a las cervecitas, longanizas y papas? Total, un día es un día, también hay que disfrutar y ya seguiré con mi plan de comida sana cuando pasen las fiestas.

El problema está en que no tenemos una visión realista de nuestro estilo de vida en su conjunto. La realidad es que, una vez pasada la Semana Santa, nos cuesta volver a nuestro patrón de alimentación saludable, suponiendo siempre que éste existiera. Entre que aún no hemos hecho la compra y no hay nada fresco en la nevera y que, por supuesto, no vamos a tirar lo que ha sobrado de Pascua, más algún que otro previsible “imprevisto”, como cumpleaños, cenas, fines de semana y BBC (bodas bautizos y comuniones), nos plantamos en verano sin haber seguido nuestro plan de comidas ni dos semanas seguidas, y claro, eso en verano ya no se puede ocultar.

Pero no nos precipitemos, que lo mismo no es tan difícil mantenerse sano también en las vacaciones de pascua. Veamos:

Para empezar, no es lo mismo hacer un feo no probando algo que arrasar con la bandeja de dulces, en eso estamos todos de acuerdo. La filosofía de “de perdidos al río” no nos va a ayudar mucho en nuestro propósito. Con respecto a los postres y dulces típicos de estas fechas, podemos disfrutar en algún momento de algunos de ellos, pero sin abrir la veda a todo lo que caiga al alcance de nuestra mano. Podemos mantener nuestro patrón de comidas y hacer alguna excepción que intentaremos compensar realizando el resto de ingestas diarias más ligeras. La moderación sigue siendo la clave también en estos días.

Por otra parte, deberíamos aprovechar que tenemos tiempo de ocio para pasar tiempo al aire libre y movernos más: volar el cachirulo, rutas de senderismo, rutas en bicicleta, pasear por la playa son actividades que podemos hacer en familia o con amigos y nos permitirán quemar esas calorías de más.

Otra posibilidad es buscar opciones saludables. Por ejemplo, son muy comunes en estas fechas las torrás donde podemos hacer algún cambio que nos ayude a conseguir nuestros objetivos. ¿Qué os parece una torrá de sardinas, o unas brochetas de pollo con verduras a la brasa acompañadas de salsa de yogur casera? Si encima lo acompañamos de una ensalada y controlamos el uso de alcohol y bebidas azucaradas puede convertirse en una comida sabrosa y equilibrada. También hay platos muy nutritivos típicos de estas fechas como el potaje de vigilia, con garbanzos acelgas y bacalao.

En definitiva, de lo que se trata en estas fechas es disfrutar de la compañía de nuestros seres queridos y esto se puede hacer además comiendo rico pero saludable.

"Caminando entre Piernasaurios"

Fernando Alcalde es, entre otras muchas cosas, un buen amigo.

Travesía Trevélez-La Zubia (Sierra Nevada)

Ficha técnica:

 

Nombre de la ruta: Marcha popular de resistencia Trevélez-La Zubia

 

Distancia: 45 km,

 

Dificultad: 1980 metros de subida, 2616 m de bajada. Punto más alto 3189 metros.

 

Hora de salida: 0 horas del día 24 de agosto de 2010, Trevelez.

 

Hora de llegada: 15 horas del día 24 de agosto de 2010 La Zubia.

 

Recorrido: Atravesando un Parque Natural de Sierra Nevada.

 

Organizado por: Asociación Deportiva y Cultural “Al Borde de lo Inconcebible”.

El grupo senderista a su paso por la Laguna de las Yeguas, Sierra Nevada

Por Fernando Alcalde

 

Un hormigueo convulsivo, que agriaba la garganta y producía cierto vértigo, se adentró en las paredes de mí estómago mientras me contenía a subir al autobús que, desde la Zubia, debía conducirnos a Trevélez. El impertinente sol del ocaso se resistía a la clemencia y continuaba calcinando innecesariamente el asfalto, cuyo reverbero acrecentaba las dudas y espesaba la ansiedad que, definitivamente, había tomado posesión de mí.

 

Estaba nervioso; es un hecho. Nunca antes había participado en una prueba de estas características y todo se rehacía inabordable. De reojo ausculté al resto de los participantes en el fallido intento de componer alguna comparativa condescendiente que cediese algo de tranquilidad a mi espíritu; examiné sus fisonomías con el celo de las víctimas, ansiando alguna debilidad, mientras construía paralelismos morfológicos que siempre acabaron encontrando algún rasgo que los entroncaba con los grandes exploradores polares. Todos ellos eran totalmente desconocidos para mí y todos ellos se me antojaban campeones de las marchas de largo recorrido: fibra muscular con apariencia humana, piernas eternas adosadas a cuerpos menguados, barbas contenidas en rostros célticos que evidenciaban en su geografía el cobro inmisericorde del sol. Nada de las gentes de carnes de andar acochinado que fortuitamente acompañan a los Alpargateros; ni sombra de sus decadentes perfiles.

 

Por momentos mi barriga crecía y mi estima mermaba. Repasé las peregrinas razones de mi estúpida presencia allí, en la travesía popular (¿popular?) Trevélez-La Zubia. Las causas parecían dispares; precipitado por la inercia de las anteriores salidas, con el abrigo de algunos compañeros que también se inscribían y que, finalmente, haciendo acopio de la pléyade de socorridas excusas de último momento, desertaron; y, también, por la búsqueda de un paso más, de cierta presuntuosa tendencia a lo exigente, allí estaba: a las puertas de un autobús cuyo conductor se me antojaba Caronte.

 

Con el consejo de Pedro, el único conocido en esta horda, ocupe uno de los asientos delanteros, en espera de que las dos horas del insensato trazado del trayecto de las Alpujarras no hiciese reventar bulliciosamente mi alterado estómago. Fue lo mejor de la experiencia. Al llegar a Trevélez una pieza del autobús cayó al suelo pesadamente y pensé que, de haberse producido unos minutos antes, habría tenido una razonable excusa para abandonar dignamente la prueba.

 

Mientras repostábamos bebidas y comíamos algún plátano y una Maritoñi, me presentaron a algunos y algunas habituales de estas marchas: una pareja de Alcalá la Real, organizadores expertos de otras marchas y que de aquí se iban a los Pirineos, a atravesarlos en tres días (“el último día tienes alucinaciones por la falta de sueño”, comentaban con una tranquilidad digna de Jack el Destripador); dos compañeros de piel carbonizada que acababan de hacer la Zubia-Trevélez y que la repetían de vuelta con nosotros. Me sorprendió que uno mantenía un juego funambulista con un chupachub en sus labios como toda señal de stress y que el otro metía prisa a los organizadores para volver a salir, como si los grillos alpinos no pudiesen dormir sin su presencia en las cumbres. Y otros muchos, de rostro relajado que se abreviaban en componer sus mochilas y vestimentas, ajenos a la tragedia que se anunciaba.

 

A las 12 de la noche se dio la señal de partida, en lo más parecido a una fuga masiva que he vivido. Inmerso en aquel grupo compacto de 50 marchadores, subí la cuesta que ancla Trevélez a su ladera obligado por aquella fuerza incontrolada, en volandas, casi cabalgado en un cercado enloquecido de brazos. El desafinar de los bastones en el asfalto, el cocleo de las pisadas en la noche del pueblo y las voces de los vecinos desde las aceras y los balcones nos acompañó hasta el comienzo de la senda tallada en la pared que sube al Alto del Chorrillo. Tras la primera hora de ascensión, uno de los pocos cuerdos que componían el grupo de cabeza decidió minorar la marcha a fin de recuperar a los rezagados, cuyas luces componían la santa compaña de candiles dispersos por la montaña. Una luna redonda e incesante nos escoltó durante todo el ascenso, cuyos únicos testigos fueron las vacas y caballos que se asomaban a nuestro paso con una incomprensión digna de más humanidad.

 

Hacia las tres de la madrugada coronamos, siendo recibidos por el viento glacial propio de las alturas de Sierra Nevada. Todo abrigo fue poco, lo que indujo, de nuevo, a acelerar la marcha. Desde aquí hasta la Carihuela del Veleta restaban casi 5 horas de una pista deshuesada en la que la noche emboscaba una multitud de piedras y restos helados del invierno que se enmarañaban a nuestro paso, obligando a no separar la vista del escueto cerco que las linternas abrían a la noche. Llegando a la Caldera, la proliferación de neveros hizo definitivamente necesario calzarse de crampones y precaución. La aceleración de la primera parte de la noche dio paso así a un ir y venir de paradas y esperas que fueron menguando los ánimos a medida que el sueño, la altura, el viento y el cansancio nos arrinconaban contra las recachas del camino. En los Machos nos sorprendió la quebradiza luz del amanecer, recortando en almagre el collado del Ciervo y las cresterías del Mulhacén y que descubrió una geografía pálida de caras somnolientas y ojos abotagados. Un poco más arriba, una escalera tallada en el hielo nos permitió acceder a la Carihuela del Veleta, pórtico que separaba este universo oscuro y helado del imperio incandescente que se abría hasta llegar a la Zubia.

 

Caldo caliente, café, agua, fruta y un pavoroso bocadillo de jamón y queso nos aguardaba al llegar al Observatorio Astrofísico tras orlar la laguna de las Yeguas. Llevábamos ya 25 Km. y 10 horas de ruta. La parada sirvió para cambiar de calzado e indumentaria en previsión del embate del sol: zapatillas por botas, camisetas de mangas miserables, pantalones infantiles y gafas frikis convirtieron aquel grupo de digno atuendo expedicionario en algo más cercano a una despedida de soltero que a la aventura de Shackleton . Y nos dejamos caer hacia el cortijo Rosales, arañando la Loma Albando de Dilar, y de allí, por los polvorientos vericuetos de los arenales del Trevenque hasta el canal de la Espartera y el Hervidero, acompañados siempre del avituallamiento y el aliento de los del Borde de lo Inconcebible, para finalmente enfrentarnos al muro tedioso del Pinar de la Zubia, laberinto que guardaba la puerta de acceso a la villa y que a punto estuve de incendiar con mis pies, cuando ya andaba en tránsito de ruina.

 

Tras 45 Km. de descubierta y 15 horas de caminata, la entrada a la ciudad se me antojó el corredor de la silla eléctrica. A duras penas llegué a la ducha comunal que nos habían preparado y, con el único aliento de la certeza de que no daría un paso más, tomé asiento en una carpa que voluntariosamente intentaba cobijarnos del sol descerrajado del mediodía granadino.

 

La emotiva y postrera ceremonia de premios, agradecimientos y reconocimientos se hizo llevadera gracias a un magnifico arroz, indigno del cubierto desechable que lo soportaba, la presencia de motrileños extrañados, azubietizados, y el sopor de la cerveza sobre un cuerpo confuso y desmadejado. En aquel lugar sagrado, tras haber recogido un diploma que acreditaba que seguía vivo afirmé, sin coacciones, que esto de las marchas pedestres no iba conmigo, que era propio de gentes crueles consigo mismas y con el orden natural del mundo, de aprendices de camelleros, de hienas errantes y jabalíes circuncisos. Y hoy, lúcido, tras haber recobrado la conciencia, aunque aún no las piernas, reitero lo dicho: no me verán en otra.

 

Por cierto: ¿Cuándo se abre la inscripción para la próxima? 

Instante de la puesta en marcha del grupo de sendersitas que recorrerían 45 Km. con una subida de 1980 metros, con la Luna como testigo mudo de su caminar.

De izquierd a derecha: Jeni, Ruth y Katia. Este ramilletes de bellas señoras son las componentes del Gabinete de Nutrición Comensanas, las cuales, si usted se deja llevar por sus consejos, conseguirán que tenga una vida más saludable.

Ficha técnica

Nombre: Gabinete de Nutrición Comensanas

Domicilio: Cirilo Amorós, 14, pta. 2 , Valencia 46004

Teléfono: 960012052

Volvemos a la rutina

Bueno, volvemos a la rutina. Nuevo año, nuevos proyectos y nuevas ilusiones creadas para arrancar con fuerza.

 

Al final comimos más durante estos días de lo que nos habíamos propuesto y nos ha pasado factura.

 

Si lo pensáis bien, nos planteamos unas navidades con poco dulce y pocos abusos, y cuando terminan nos damos cuenta que hemos comido de todo y en demasía. En la consulta miles de veces oímos “si a mí no me gusta el dulce” y cuando vuelven y preguntas ¡VAYA! todos han caído en la tentación.

 

Vienen sus Majestades Los Reyes Magos de Oriente y, ¿qué nos han traído? Pues algo que no hemos escrito en la carta, pero es el carbón de los que ya no somos unos millennials. Nos hemos portado un poquito regular y los kilos de más son la consecuencia.

 

En la consulta muchas veces te encuentras con pacientes que cuando les dices lo que han aumentado incluso se sienten aliviados, “bueno, para lo que he comido tampoco es tanto”. ¿Cómo? Solo nos queda hacer borrón y cuenta nueva.

 

Propósitos del nuevo año: ir al gimnasio y hacer dietas. Muy interesante, el problema no es el inicio si no mantenerlo en el tiempo, sólo el 10-12% de los que empiezan con estos buenos propósitos siguen adelante. La clave es cambiar hábitos, la forma de comer y sobre todo de comprar, ya que si en casa no tenemos productos no saludables, difícilmente los podremos comer. La actividad física es primordial y junto con las nuevas pautas saludables de alimentación son apuesta segura para obtener éxito. Estamos creando una sociedad con un sobrepeso y obesidad desbordante.

 

Ni que decir tiene a los que sois papás, que tenéis una responsabilidad todavía mayor, ser el espejo de vuestros hijos.

 

Muchas veces la gente enfadada te dice: “es que al final todo es malo “ ¿qué es lo que vamos a comer?, pues muy sencillo, ALIMENTOS DE VERDAD ( fruta, verduras, pescado, carne, frutos secos…) , no productos empaquetados ni procesados (bollería, comida precocinada…).

 

Conseguiremos esto más fácilmente si volvemos al mercado de siempre, donde podremos encontrar productos frescos y de calidad, incluso nos aconsejaran de los mejores.

 

Aumentar el consumo de grasas de calidad como frutos secos, aceite, pescados azules y olvidaros de las grasas saturadas e hidrogenadas.

 

No nos dejamos atrás la bebida. Educaros a que vuestra fuente de hidratación debe ser el agua, olvidaos de bebidas gaseosas, energéticas… No son bocados de felicidad sino chutes de azúcar, cafeína, teína, ginseng, taurina, efedrina, guaraná y otras sustancias estimulantes que, consumidas en exceso, pueden provocar serios problemas para la salud.

Y si los consumidores son adolescentes o niños, estas bebidas les puede llevar directamente al futuro.

 

Desde Comensanas esperamos que este inicio de año sea positivo y emprendáis nuevos proyectos para vuestra salud.

 

 

nimaos, solo hay que dar el primer paso para poder empezar a conseguir nuestro objetivo.

Javi, para los amigos, entrenador personal de un afamado gimnasio Premiun de Valencia, España, que será el encargado de aconsejarte en el terreno deportivo.