Rincón del Humor sano

En esta sección, si te gusta el humor, podrás disfrutar de relatos, chistes y anécdotas de mi cosecha particular y algún que otro post, simplemente con la intención de hacerte pasar a tí, mi querido amigo/a y seguidor/a, un rato agradable. Porque cómo dijo un buen amigo: La vida es un puro cachondeo. Por supuesto que le dí la razón, porque sin sentido del humor vamos a envejecer muy pronto.

Que usted se ría todo lo que pueda.

Clases de salsa

Como en Navidad he cogido algunos kilillos, decidí, para combatirlos, apuntarme a las clases de salsa.
Fui con mi mujer, y en cuanto vio a la profesora, a partir de ese día me pone la tele para que vea los partidos de fútbol y me trae una cerveza. jejeje.

Una metedura de pata en toda regla

En el año 1995 fui a New York a correr su famosa maratón junto a un grupo heterogéneo de personas. Todos pertenecíamos a un club de atletismo llamado "Veteranos de Granada" y, en cierto modo, había una amistad entre nosotros.

 

Un día alguien propuso realizar una excursión por nuestra cuenta a la "Estatua de la Libertad". No hubo ningún impedimento por parte de nadie y nos dirigimos hacia la estación de metro, concretamente la que hay debajo del famoso Madison Square Garden, sito en la Avenida número siete de Manhattan. Una vez dentro de dicha terminal, nos dirigimos hacia la taquilla para obtener el correspondiente ticket.

 

Deposito un billete de veinte dólares en la ventanilla, y con mi inglés macarrónico le digo al que expendía los boletos:

 

-Por favor, deme uno para Wall Street.

 

El empleado del metro me contesta muy educado en inglés:

 

-Lo siento, no se admiten billetes superiores a diez dólares.

 

Traté que me admitiera esa cantidad, puesto que no tenía en esos instantes otra de inferior valor. Entonces, el taquillero me invitó a que me apartara, puesto que habían otras personas esperando. Me alejo, mal humorado, y una señora que componía la expedición me interpela:

 

-¿Qué te pasa, José Luis?

 

Le respondí de la siguiente manera:

 

-¡El tonto p... de negro este que no me quiere vender el billete, porque dice que le tengo que dar como máximo uno de diez dólares! La compañera de viaje me facilita una moneda de dos dólares, importe que costaba ir a aquel tan emblemático barrio neoyorquino, donde cogeríamos un ferri que nos trasladaría hasta la referida estatua.

 

Me acerco a la cabina y deposito dicha cantidad. Hasta aquí todo bien, pero lo peliagudo del tema fue cuando el taquillero me expuso lo siguiente en un correcto castellano:

 

-Señor, evidentemente no puedo negar que soy negro, pero tonto p... no, simplemente cumplo con mi obligación.

 

En esos instantes preferí que me tragara la tierra. Comencé a sentir un bochorno en mi rostro fuera de lo común, y, además de pedir las correspondientes disculpas, al margen de no saber dónde me quería meter, me sentí como un mal educado y un sinfín de cosas más. Pero con el paso del tiempo no he dejado de reconocer que es una anécdota graciosa, y como tal la relato a mis amistades con frecuencia.

Como pinta la cosa no es para menos, jajajaja