Viaje a Bremen

"La Embajadora del Reino de Viana"

Esta pasada noche tuve un sueño maravilloso, aunque estoy en la incertidumbre de que fuera, o no, una fantasía. De todas formas, les relato la maravillosa experiencia y ustedes decidirán.

Todo comenzó cuando paseaba tranquilamente por el campo, a la vez que disfrutaba de la belleza y del aroma que despedían los naranjos. Pero cuando me hallaba más absorto, contemplando la hermosura que la Madre Naturaleza ponía a mi disposición, contemplo como de la lontananza se aproximaba un grupo de personas.

Cuando la comitiva se encontraba muy próxima, pude distinguir que ésta estaba compuesta por once mujeres y un varón, los cuales se detuvieron al llegar dónde me encontraba. Entonces, una de las mujeres tomó la palabra y se dirigió a mí en estos términos:

-Hola, mi nombre es “Estefa” y soy embajadora del “Reino de Viana”. Viajo por todos los reinos, por orden de mi reina, invitando a todo/a el/a que quiera visitar la “Ciudad de la Pre-Navidad”.

No dudé un solo instante en aceptar, a pesar que no haber oído hablar nunca de esa ciudad. Pero la faz de todos sus componentes, que a continuación les presento, me inspiró confianza y no dudé, junto a mi esposa, en agregarme al acompañamiento.

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Estefa, embajadora del "Reino de Viana".

Doña Katy, procedente del "Reino de Francia", pero afincada en el "Reino de la Axarquía.

Doña María Dolores, madre de Estefa, la embajadora.

Doña María Amparo, embajadora del Reino de Córdoba

Don Antonio, "Embajador consorte del Reino de Córdoba".

Doña Marcela, "La viajera del Reino de la Axarquía""

Doña Almudena, instructora de carruajes y diligencias del Reino de la Axarquía.

Doña Ana, madre de la instructora de carruajes y diligencias.

Doña Lola, enseñante del "Reino de la Axarquía".

Doña Maricarmen, enseñante del "Reino de la Axarquía".

Doña María José, gobernanta de palacio del "Reino de la Axarquía".

Doña Sabrina, fabricante de espagüetis del "Reino de Italia".

Doña Pilar, especialista en paellas y fideuás del "Reino de Valencia".

Nos dirigimos, un total de catorce personas, hacía una extensa y amplia llanura. Y no habrían pasado ni cinco minutos de nuestra llegada, cuando observo que una inmensa águila de, aproximadamente, unos, cincuenta metros de longitud y veinte de acho, se posa, sin ninguna dificultad, unos metros más delante de dónde nos encontrábamos.

El ave gigante, nada más posarse, se dirigió a la embajadora en estos términos:

-Debemos darnos prisa porque se avecinan grandes lluvias y vientos huracanados y, además, al país donde vamos hay muchos sitios que visitar. Entonces, sin más dilaciones, nos subimos todos y aquel bicharraco comenzó a tomar altura, cosa que, en un principio, me intimidó bastante. Pero nunca más lejos de ello, puesto que todos nos sumergimos en una profunda narcosis, que finalizó cuando llegamos a nuestro punto de destino.

Como donde se posó el ave estaba a muy corta distancia de la entrada de la ciudad, observé como en ella había cuatro animales. Uno era un burro, un perro, un gato y un gallo. Y como aquello me parecía algo extraño, me dirigí a la jefa de la expedición y le interpelé:

- ¿Qué significado tiene que estén esos animales a la entrada de la villa?

Ella, con la simpatía que le caracterizaba, me argumentó:

-Ellos son los músicos de Bremen y tienen la potestad de dejarnos pasar o de impedirnos la entrada.

Entonces, como no comprendía nada, me relató la maravillosa historia de aquellos irracionales y la fama que alcanzaron, la cual perdura hasta la actualidad.

No hubo impedimento alguno a nuestro acceso. Y una vez atravesado el sobrearco de la entrada a la urbe, comenzamos a advertir en nuestras almas un gran bienestar. A las maravillas de su “Prenavidad”, hubo que sumarle, principalmente, la unión, el cariño y amistad entre todos los componentes de la expedición.

Contemplando tanta belleza, con el mercadillo, las edificaciones, la maravillosa catedral, sus calles, la gastronomía, los comercios y parques, el tiempo circunvoló. También visitamos una bonita metrópoli llamada Hamburgo, que estaba a más de una hora de camino, con sus museos y otras fascinaciones. Pero tuvimos, con gran aflicción, que regresar, o eso creo, porque el gran pájaro nos esperaba.

Como dije al comienzo de este cuento, no sé si fue una fantasía o una materialidad lo que experimenté. Pero si fue una entelequia, quiero coexistirla de nuevo y reencontrarme con todos ellos, especialmente con la “Embajadora del Reino de Viana”.

Una de las arterias principales de Bremen, Alemania.