El Cuaderno de Bitácora de Pepito

Óbito junto a la taquilla 526

Los hechos que se relatan en esta historia son pura ficción, así como las situaciones y los nombres de los personajes, por lo que cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.

La misteriosa muerte de Victorio, más conocido por el alias de “El macarra”, consterno a la totalidad de socios del afamado gimnasio “El templo del culturismo”. Bueno, a decir verdad, no a todos, puesto que el óbito de éste a cierto sector del pabellón les regocijó, sobre todo a Tonet, monitor de natación, puesto que éste tuvo varios reveses con el extinto.

Victorio era una persona bastante fastidiosa y rodillo. Traía en jaque a todos los monitores del recinto, exceptuando a los que sucumbían a sus tropelías, con lo cual ponía en entredicho a los que hacían cumplir las normas establecidas en el salón. Y es que, con el paso de los meses, y una vez aclarada las causas de su tránsito, hasta sus más allegados cayeron en la cuenta de quién fue verdaderamente Victorio. Pero atengámonos a su, en teoría, misteriosa supresión de esta vida.

Diariamente el entrenador de natación, por convenio laboral, tenía veinte minutos de asueto durante su jornada e iba a cambiarse a la zona de vestuarios para realizar algunos ejercicios físicos. Y coincidencias de las coincidencias, la taquilla de éste era la marcada con el número 530, a muy pocos centímetros de dónde habitualmente dejaba guardada su ropa el fallecido, que dicho sea de paso fue hallado más tieso que la mojama junto al armario 526.

Sin que nadie tocara un solo cabello del helado cuerpo de “El macarra”, se puso el hecho en conocimiento de la policía. Una vez personada en el lugar una dotación compuesta por dos agentes uniformados, a los cuales le acompañaban el juez de guardia y el médico forense, se procedió a la primera inspección ocular de rutina. 

Al cabo de dos horas, después de haber ordenado el magistrado el levantamiento del occiso, con la orden de trasladarlo al Instituto Anatómico Forense de Valencia, hicieron acto de presencia dos miembros de la policía científica y principiaron a la toma de huellas.

Los agentes examinaron concienzudamente la taquilla. Bueno, lo de verificar es un decir, porque pasaron por alto un detalle muy importante, el cual hizo que el desafortunado Tonet estuviera algunas semanas a la sombra y realizara algo que el odiaba profundamente: tocar el piano. No por el hecho de haber sido fichado, sino porque detestaba tener una mancha en sus dedos. Así que, tal fue su molestia, que cuando finalizó el proceso de impresión éste montó en cólera y estuvo a punto de agredir al funcionario que se las tomó, ralentizando este incidente su inocencia.

La policía para esclarecer el óbito del llamado “El macarra”, sólo tenían los testimonios de los compañeros de Tonet, los cuales, casi en su totalidad, no les favorecían en absoluto.

La testificación más agresiva de todas fue la de una tal Maripuri, monitora de Aqua Gym, la cual tiene menos carnes que un plato de arroz con leche, que en su declaración en la comisaría de Ángel Gimerá se expresó en estos términos:

-A mí no me extraña en absoluto que Tonet asesinara al señor Victorio, porque los dos siempre estaban a la gresca, sobre todo por culpa del monitor de natación. Al pobre señor Victorio siempre lo tenía acobardado con el tema de la sauna, y todo por el simple hecho de que Victorio golpeaba el higrómetro de la temperatura. Pero por mucho que el difunto Victorio manifestara que en Rusia las saunas estaban siempre a ciento veinte grados, nadie le creyó y le recriminaban su actitud a cada instante.

Otra declaración también muy perjudicial para Tonet fue la de un tal Ganimedes, escritor de profesión y usuario del gimnasio, que expuso lo siguiente:

-El susodicho Tonet es un elemento de cuidado. Siempre está más “mosqueado” que un pavo cuando siente una pandereta por Navidad. A mí me la tiene sentenciada. Y todo porque, debido a mi avanzada edad, no recordaba ponerme el gorro para entrar en el spa. Nunca me hizo el menor caso cuando le decía:

-Señor Tonet, si tengo en la cabeza menos pelos que una bombilla, ¿en qué puedo perjudicar a la higiene?

La que le echó un buen “cable” fue una tal Enriqueta, que, con la disculpa de venderle cupones de la ONCE, sabe Dios la que se traían entre manos. Y es que, la susodicha señora, con su declaración faltó poco para que al monitor el Papa Francisco lo beatificara.

Otros de los que contrario al monitor de natación fue un tal Javier, monitor de musculación. Este aseguró, con todo lujo de detalles, haber presenciado a ambos dándose mamporros, la noche anterior al óbito de “El macarra”, en pleno centro de Valencia.

No todo se puso contra corriente para el desdichado Tonet, ya que gracias a una recepcionista llamada Marijose, que según se pudo saber después ésta practicaba la acupuntura a los socios de avanzada edad con un método análogo a la Viagra, y dicen que con buenos resultados, la cual echó por tierra la enunciación de todos los demás. Al parecer, según ésta, ambos habían estado la noche anterior, y a la hora del fenecimiento del “El Macarra”, tomándose juntos unas cervezas.

Todo estaba muy confuso para que se clarificaran los hechos, hasta que un inspector de la policía científica volvió al lugar dónde apareció el cuerpo sin vida del "El macarra", por si había algún vestigio que diera luz al tema.

Eliminó el precinto de la taquilla, abrió la puerta y al comprobar lo que había en el interior de ésta, su rostro cambió de color. Inspiró profundamente aire, dirigió nuevamente su mirada hacia el interior de la cabina, se restregó los ojos, por si era una alucinación, pero no hubo confusión alguna.

Todo estaba claro. El óbito de Victorio se produjo por una sobre impresión emocional, puesto que en el interior de la taquilla había una revisita de las llamadas de “cotilleo”, la cual en su portada se podía leer el siguiente titular:

-Belén Esteban, Premio Nóbel de Literatura.

Para concluir esta liosa historia, diremos que todavía no se ha podido saber quién deposito allí dicha publicación ni con qué intención.